Sobre expectativas y la descarga emocional de vivir sin ellas

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Según la RAE, expectativa;

Del latín exspectātum “mirado, visto”.

  1. Esperanza de realizar o conseguir algo.
  2. Posibilidad razonable de que algo suceda.
  3. Posibilidad de conseguir un derecho, una herencia u otra cosa, al ocurrir un suceso que se prevé.

La RAE en sus tres acepciones es clara, hablando tanto de “esperanza” como de “posibilidad”. Y en estos dos conceptos solemos aferrarnos en nuestras expectativas hacia los demás como para con nosotros mismos.

Las expectativas son la causa más directa de todas las frustraciones que podemos encontrar alrededor de numerosas situaciones. Siempre esperamos que… Párate un momento y piensa; ese esperar que, ¿cuántas veces son “esperanzas” o “posibilidades” que dependan de uno mismo? Seguramente, si nos detenemos a interiorizar un instante, encontraremos que en muchas ocasiones, por no decir la mayoría de ellas, todas nuestras expectativas son dependientes de los demás. Proyectamos nuestros anhelos a los demás. No somos lo suficiente valientes como para tomar las riendas de las situaciones y hacernos plenamente conscientes, de que todo depende de nosotros.

La proyección hacia los demás solo nos esclaviza un poco más. El esperar que algo nos ocurra, porque depende de alguien o algo externo, es una carga más que nos vamos a poner en nuestra mochila.

  • Cuando tenga un contrato más estable podré…
  • Tengo mala suerte en las relaciones porque nunca los demás ven que…
  • Perdemos amistades porque alguien deja de tener contacto con…

Es evidente que necesitamos estabilidad laboral y económica para tener una mínima seguridad. También podemos tener algún fracaso sentimental y perder alguna que otra amistad. Pero lo importante aquí no es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa. El término técnico sería el locus de control y la atribución que cada uno hace de un acontecimiento determinado.

Dependiendo de la atribución obtendremos:

  1. Cuando la atribución es externa realizamos una proyección dependiente de factores ajenos a uno mismo. Dejamos al azar que otros respondan por nosotros a nuestras demandas. Si obtenemos buen ajuste entre lo que demandamos y recibimos de los demás (expectativa) no experimentaremos frustración. En cambio, si no existe este ajuste experimentaremos la frustración.
  2. Cuando la atribución es interna, entonces realizamos una introyección (sinónimos: identificación, incorporación, internalización) únicamente dependiente de factores internos. Es decir, aquello que deseamos o esperamos que suceda se identifica como algo que depende exclusivamente de uno mismo. Incorporando actitudes y metas de dominio en el desempeño de lo que esperamos, pero no de los demás, sino de uno mismo. Por lo tanto, tiene que ser esperable que en este caso la frustración sea menor. Y en el caso de que exista, si somos capaces de realizar tales razonamientos también seremos capaces de desarrollar las habilidades necesarias para minimizar y amortiguar los efectos de la frustración.

La evolución hacia una actitud u otra puede estar relacionada con las necesidades de afiliación e intimidad de cada uno. En las atribuciones externas es clara una necesidad de afiliación, mientras que en las atribuciones internas podríamos hablar de necesidad de intimidad. Puedes volver a pasarte por aquí  http://miquelleiva.com/blog/?p=2286 para refrescar conceptos de afiliación vs. intimidad.

El desprenderse de esas expectativas con atribuciones internas, no sólo nos libera, sino que además liberamos a los demás al no hacerlos responsables de nada que únicamente depende de nosotros. Que esa persona quiera volver a llamarte, verte o saber de ti está claro que depende de las dos partes, pero si lo dejamos todo a expensas de la otra persona estamos cometiendo el error de que todo esté en una mano. No podemos entrar en el pensamiento de los demás y hacerles desear algo que realmente no quieren. Ahí no tenemos nada que hacer. Pero sí que podemos dar lo mejor de uno mismo, siendo coherentes con lo que decimos, mostramos y actuamos. Haciendo que de nosotros dependa todo aquello que deseamos y nos planteemos en nuestra vida. Por eso las expectativas hacia los demás nos lastran, mientras que las expectativas con uno mismo nos hacen crecer día a día. Aprendiendo a cómo afrontar las cosas para que todos esos deseos que dependen de nosotros mismos los podamos llevar a cabo. Y con las frustraciones propias desarrollar habilidades para gestionar nuestro propio fracaso para volver una y otra vez a intentarlo cada vez más fuerte.

Porque sí o sí, muchas veces de nosotros mismos depende.

Porque sí o sí, depende de nosotros mismos que todo lo que pase a través de nosotros se transforme.

Porque sí o sí, como dijo Santa Teresa de Calcuta, “que nadie se acerque a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz.